jueves, 30 de marzo de 2017

Miyo Kobayashi - Leyenda Japonesa

Leyenda Japonesa blog Raúl Rojas



Hace muchos años, cientos de años, en una de las islas del oeste del archipiélago japonés, vivió Miyo Kobayashi. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Su pequeña choza, una red y una barcaza era toda la fortuna de aquella familia. Sin embargo, el matrimonio veía recompensada su pobreza con la bondad con la que siempre actuaba su hijo. 

Cierto día, Miyo caminaba por las calles de la aldea cuando vio a unos chiquillos maltratando a una gran tortuga. Era una tortuga muy peculiar, tenía una franja roja en su caparazón. De haber seguido así por más tiempo hubieran terminado por matarla. Pero Miyo decidió impedirlo. Se dirigió a ellos y aunque se ganó un par de golpes, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos pensó que debía liberarla y así lo hizo. Caminó hacia la playa con ella y una vez allí, la soltó en el mar. Se esperó algunos minutos, mientras la tortuga se alejaba mar adentro. Cuando la perdió de vista regresó a su casa. Qué feliz se sentía Miyo de haberla salvado de sus pequeños verdugos. 

Pasaron algunos años desde aquel día. Una mañana, Miyo fue a pescar. Alistó la red y la barcaza de la familia y se puso a remar mar adentro. Cuando perdió de vista la orilla, echó la red. No pasó mucho tiempo cuando sintió un fuerte tirón que sacudió toda la barcaza. Quiso sacar la red con el esfuerzo cotidiano para ello, pero no le fue posible. Hizo un esfuerzo más grande todavía y por fin pudo sacarla. Para su sorpresa, cuando logró subirla, vio que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo había echado al mar años atrás. La reconoció por la franja de su caparazón. La tortuga entonces se dirigió a Miyo y le dijo que el Rey de los Mares Rojos había estado observando su buen corazón y deseaba conocerlo para compensar lo bueno de éste, dándole la mano de su hija, la princesa Yohara. A Miyo Kobayashi le entusiasmaban las aventuras, así es que aceptó gustoso y la tortuga lo dirigió hasta el enorme palacio del Rey Otoshima, en el fondo del mar. 

El palacio era hermoso, de perlas e hilos de oro y el suelo era de piedras preciosas y corales. Hacia los fascinados ojos de Miyo, avanzó una hermosa doncella, era Yohara. Realmente era hermosa. Sin dudarlo, ellos se casaron y vivieron con mucha felicidad. El rey convirtió a Miyo en su consejero y a todos acudían a él con problemas del palacio, Miyo les daba bondadosa y sabia solución. 

Cierto día, la tortuga -que era ministra del rey-, trajo a un sujeto, que identificó como El Intruso, que andorreaba por las cercanías del palacio. Miyo, en su gran bondad, dijo que se le perdonara pues no era un asunto grave el andorrear por allí, y pidió que El Intruso se quedara en ahí. Éste agradecido, pidió servirle a Miyo, y así fue; de hecho, se convirtió en el más leal de sus servidores. Siempre que solicitaban su consejo, Miyo era bondadoso y sabio. La tranquilidad abundaba. Todos colmaban a Miyo y Yohara con todo tipo de atenciones. Dentro de tanta delicia y exquisitez, Miyo no vio pasar el tiempo. ¿Por qué habría de tomarlo en cuenta si todo era tan perfecto? No importaba. 

Pero sucedió que un día celebraron al Rey Otoshima por ser un buen rey; Miyo se acodó de sus padres. Entristeció tanto, que nada le hacía ser feliz de nuevo. Por muchos días intentaros sus sirvientes sacarle una sonrisa, pero fue inútil. Su querida esposa también entristeció. Cuando Miyo le preguntó por qué se entristecía ella, ésta le respondió que temía perderlo, pues solamente una vez se podía estar en el palacio de los Mares Rojos, y si regresaba con sus padres ella y Miyo no volverían a verse jamás. 

— ¿Cómo, no puedo regresar aquí de nuevo? ¿Por qué? –preguntó Miyo a su esposa. Entonces Yohara le confesó-. 

— Miyo. Tú falleciste en la barcaza de tu familia. Por eso mi padre mandó a la tortuga de la franja roja por ti-. 

A Miyo le sacudió aquella noticia. Lloró por días. Al verlo tan triste, su más fiel siervo –a quien ya se conocía por el apelativo de, El Intruso- ofreció su vida para ayudar a Miyo a regresar con sus padres. Pero no se lo dijo a Miyo, sino que fue con Yohara y le entregó una cajita envuelta en hilos de oro, y, cuando la doncella la tomó, aquel fiel servidor cayó sin vida en una fosa muy profunda en el fondo del mar. Yohara se apresuró hacia donde estaba Miyo y le dijo que El Intruso, le había dado esa cajita y que le serviría para regresar con sus padres, era una vida. “Cuando hayas subido a la superficie, esta se desatará y tendrás tu vida de nuevo” –le dijo Yohara. Miyo la miró y le dijo que la amaba y le prometió que de algún modo conseguiría regresar. Tomó la cajita y sin más ni más, pidió que lo elevaran al nivel del mar… 

Una vez en la superficie del mar, la cajita se desató tal como le había dicho su esposa; Miyo tenía de nuevo vida terrestre. Reconoció de inmediato la playa y las montañas de al rededor y se dirigió a su casa. Al entrar de lleno en la aldea la notó muy distinta, sí era su aldea, pero nada parecía igual. Por fin llegó a su hogar. Lo recibió una ancianita como de cien años: ¡era su mamá! Se sorprendió de ver a Miyo y de verlo tan joven. Entonces le explicó al borde de las lágrimas que hacía más de ochenta años que lo habían perdido. 

“Tu padre salió a buscarte aquel día a borde de un barco de nombre El Intruso, y tampoco volvimos a saber nada de él. Los demás del barco, dicen que en el lugar donde encontraron nuestra barcaza, se echó al mar… y ya no salió” –le explicó su madre. 

Cuentan que Miyo llevó a su madre a la orilla del mar, subieron a una barca un poco más moderna que la que tuvieron hace años, se hicieron a la mar y se perdieron en lo profundo de éste. 

Ningún humano los volvió a ver, solo un gran pez dijo haberlos visto a los tres… felices en un palacio de perlas e hilos de oro; porque Miyo encontró la manera de reunir a sus padres de nuevo, junto al Rey Otoshima y junto a su esposa la princesa Yohara.
FIN






* Es mi versión de la leyenda japonesa de Urashima Tarō. La original -y eso es bien sabido- no tiene desenlace. Así es que yo le di el que me gustaba más.
Recomendable para 8a11años y 12años.
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