martes, 28 de marzo de 2017

El gato y el ratón

cuentos clásicos blog Raúl Rojas

Un gato se había hecho amigo de un ratón, mostraba que le tenía cariño y amistad, por eso, el ratoncito decidió ir con él y hacer vida en común. "Pero tenemos que pensar en el invierno, pues de otro modo pasaremos hambre," dijo el gato. "Tú, ratoncillo, no puedes aventurarte por todas partes, al fin caerías en alguna ratonera." Siguiendo, pues, aquel previsor consejo, compraron una recipiente lleno de golosinas. Pero luego se presentó el problema de dónde lo guardarían, hasta que, tras larga reflexión, propuso el gato: "Mira, el mejor lugar es la iglesia. Allí nadie se atreve a robar nada. Lo esconderemos debajo del altar y no lo tocaremos hasta que sea necesario." Así, el recipiente fue puesto a buen recaudo.

Pero no había transcurrido mucho tiempo cuando, cierto día, el gato sintió ganas de probar las golosinas y le dijo al ratón: "Oye, ratoncito, una prima mía me ha hecho padrino de su hijo; acaba de nacerle un pequeñuelo de piel blanca con manchas pardas, y quiere que yo lo lleve a la pila bautismal. Así es que hoy tengo que marcharme; cuida tú de la casa." - "Muy bien," respondió el ratón, "vete en nombre de Dios, y si te dan algo bueno para comer, acuérdate de mí. También yo chuparía a gusto un poco del vinillo de la fiesta." Pero todo era mentira; ni el gato tenía prima alguna ni lo habían hecho padrino de nadie. Fuese directamente a la iglesia, se deslizó hasta el recipiente de golosinas, se puso a comer algunas y se comió bastantes. Aprovechó luego la ocasión para darse un paseíto por los tejados de la ciudad; después se tendió al sol, relamiéndose los bigotes cada vez que se acordaba de las sabrosas golosinas. No regresó a casa hasta el anochecer. "Bien, ya estás de vuelta," dijo el ratón, "a buen seguro que has pasado un buen día." - "No estuvo mal," respondió el gato. "¿Y qué nombre le han puesto al pequeñuelo?" inquirió el ratón. "Empezado," repuso el gato secamente. "¿Empezado?" exclamó su compañero "¡Vaya nombre raro y estrambótico! ¿Es corriente en vuestra familia?" - "¿Qué le encuentras de particular?" replicó el gato. "No es peor que Robamigas, como se llaman tus padres."

Poco después le vino al gato otro antojo, y dijo al ratón: "Tendrás que volver a hacerme el favor de cuidar de la casa, pues otra vez me piden que sea padrino, y como el pequeño ha nacido con una faja blanca en torno al cuello, no puedo negarme." El bonachón del ratoncito, se mostró conforme, y el gato, rodeando sigilosamente la muralla de la ciudad hasta llegar a la iglesia, se comió la mitad del contenido del recipiente. "Nada sabe tan bien," se dijo para sus adentros, “como lo que uno mismo se come”. Y quedó la mar de satisfecho con la faena del día. Al llegar a casa le preguntó el ratón: "¿Cómo le han puesto esta vez al pequeño?" - "Mitad," contestó el gato. "¿"Mitad? ¡Qué ocurrencia! En mi vida había oído semejante nombre; apuesto a que no está en el calendario."

No transcurrió mucho tiempo antes de que al gato se le hiciese de nuevo la boca agua pensando en las golosinas que quedaban. "Las cosas buenas van siempre de tres en tres," dijo al ratón. "Otra vez he de actuar de padrino; en esta ocasión, el pequeño es negro del todo, sólo tiene las patitas blancas; aparte ellas, ni un pelo blanco en todo el cuerpo. Esto ocurre con muy poca frecuencia. No te importa que vaya, ¿verdad?" - "¡Empezado, Mitad!" contestó el ratón. "Estos nombres me dan mucho que pensar." - "Como estás todo el día en casa, con tu atuendo gris y tu larga trenza," dijo el gato, "claro, coges manías. Estas cavilaciones te vienen del no salir nunca." Durante la ausencia de su compañero, el ratón se dedicó a ordenar la casita y dejarla como la plata, mientras el glotón se zampaba el resto de las golosinas del recipiente: "Es bien verdad que uno no está tranquilo hasta que lo ha limpiado todo," se dijo, y, completamente lleno, no volvió a casa hasta bien entrada la noche. Al ratón le faltó tiempo para preguntarle qué nombre habían dado al tercer gatito. "Seguramente no te gustará tampoco," dijo el gato. "Se llama Terminado." - "¡Terminado!" exclamó el ratón. "Éste sí que es el nombre más estrafalario de todos. Jamás lo vi escrito en letra impresa. ¡Terminado! ¿Qué diablos querrá decir?" Y, meneando la cabeza, se enroscó y se echó a dormir.

Ya no volvieron a invitar al gato a ser padrino, hasta que, llegado el invierno y escaseando la comida, pues nada se encontraba por las calles, el ratón se acordó de sus provisiones de reserva. "Anda, gato, vamos a buscar el recipiente de golosinas que guardamos; ahora nos vendrá, de perlas." - "Sí," respondió el gato, "te sabrá como cuando sacas la lengua por la ventana." Salieron, pues, y, al llegar al escondrijo, allí estaba el puchero, en efecto, pero vacío. "¡Ay!" clamó el ratón. "Ahora lo comprendo todo; ahora veo claramente lo buen amigo que eres. Te lo comiste todo cuando me decías que ibas de padrino: primero Empezado, luego Mitad, luego..." - "¿Vas a callarte?" gritó el gato. "¡Si añades una palabra más, te devoro!"

"Terminado” dijo el ratón. No pudo aguantar la palabra, y, apenas la hubo soltado, el gato pegó un brinco y se lo quiso tragar. “Espera”, le dijo el ratón al gato. “He guardado yo mismo un recipiente más. No me comas y te comparto de él”. El gato se saboreaba en la mente ya las otras golosinas. “Están ahí” le señaló el ratón otra parte de la iglesia. Cuando el gato se metió al hoyo, un perro lo devoró.

“Gracias” le dijo el perro al ratón, aquí están las golosinas que te prometí si me traías al gato”. El gato nunca aprendió la lección: nunca debes traicionar a los amigos. Y nunca debes confiar en que cualquiera es tu amigo. Así van las cosas de este mundo.
FIN


Recomendable para  y 12años. Cuento de los hermanos Grimm.
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